Antes de dar un repaso a la historia de los servicios de
proximidad, tenemos que entender que los edificios utilizados como tales no son
sólo edificaciones, sino que son instituciones en las que ocurren cosas. Así,
una casa de la cultura es sólo una casa, pero si la entendemos como
institución, deberíamos referirnos a las cosas que allí suceden, a las
políticas imperantes, etc. Si nos remontamos al pasado de los servicios de
proximidad, encontramos en primer lugar las Universidades Populares que en 1844
se crean en Dinamarca. En la Alemania del año 1919, aparece en Dessau la
primera (volkhochshule), como respuesta a la situación después de la I
Guerra Mundial, por eso no es para extrañar que a partir de 1950, tras la II
Guerra Mundial, en países como Francia, Reino Unido o Italia, se empiece a
reflexionar sobre la importancia de la cultura y la educación como vehículo de
cohesión social y nacional. En España, en el siglo XIX aparecen los ateneos
liberales como primera muestra de la educación popular. Otros proyectos son la
extensión universitaria de la Institución Libre de Enseñanza (1896), las Casas
del Pueblo y las Misiones Pedagógicas de la Segunda República. Durante el
franquismo, en 1951, Joaquín Ruiz Jiménez, crea las Casas de Cultura. A partir
de 1962, los Teleclubes aparecen postulados por Manuel Fraga Iribarne. De
lo expuesto, se puede sustraer que los equipamientos de proximidad, aparecen
como respuesta a profundas transformaciones sociales, por lo que se pueden
destacar tres finalidades políticas: servicios con tendencia al Estado de
bienestar; casa común para todos los colectivos y entidades, así como
contenedor de iniciativas y proyectos; y, por último, como constructoras del
tejido social, el fortalecimiento de la sociedad civil, etc. Una posible
vía de análisis tipológico de los equipamientos, es la que responde a la
síntesis de los modelos básicos, partiendo de la tensión entre sus cuatro
políticas de referencia: las políticas de lo social, que evolucionaron de la
beneficencia al desarrollo
comunitario; las políticas de lo educativo, que evolucionaron de la instrucción
pública a la educación integral; las políticas de lo cultural, que lo hicieron
de la cultura patrimonial hasta la democracia cultural; y las políticas de lo
político, de lo general, comprendiendo una amplia gama de estrategias y
tendencias.
En la encrucijada de lo social y lo educativo, destacan las
Universidades Populares alemanas, donde las actividades de apoyo y reciclaje
profesional y las ofertas de ocio y tiempo libre, se hacen desde una propuesta
educativa. Las Universidades Populares españolas, en los años 80, se centran en
la formación permanente y continuada de las personas adultas. Respecto a la
encrucijada entre lo educativo y lo cultural, encontramos los Centros
Artísticos Comunitarios de Reino Unido, con la misión de reducción de las
distancias entre los creadores y los espectadores de la experimentación
artística. En la encrucijada entre lo cultural y lo político, destacan las casa
de la cultura de Francia, con el objetivo de transformar un privilegio en un
bien común, descentralizando y democratizando la cultura. Por último, en la
encrucijada entre lo político y lo social, destacan los centros cívicos del
centro y el norte de Italia (gobernados por la izquierda), que persiguen la
descentralización y participación ciudadana, reduciendo la distancia entre las
instituciones y la comunidad. Estos centros, compartían las instalaciones con
una amplia gama de servicios sociales, educativos y culturales.
Haciendo referencia al presente, encontramos el carácter
local de los equipamientos de proximidad en España. Por otra parte, se
encuentran denominaciones dispares para equipamientos más o menos similares.
Por lo que respecta a continentes y contenidos de los equipamientos, en España
obedecen a cuatro situaciones básicas: continentes unitarios que albergan
contenidos únicos; continentes unitarios que albergan contenidos múltiples;
continentes múltiples que albergan contenidos múltiples, segregando el uso de
determinados espacios para determinadas actividades; y contenidos múltiples
albergados en continentes múltiples, pero que gozan de cierta tendencia para
integrar los espacios y funciones en su programa. Por otra parte, el
nombramiento de equipamientos, intentan responder a la combinación de cuatro
significaciones. Por un lado, la tipología formal: espacios con una función
determinada. Por otro, la orientación de la política de las actividades y
servicios que allí se producen. En tercer lugar, la que acota la relación entre
contenido y continente. Y en cuarto lugar, la que apunta a un ámbito al cual se
proyecta la actuación.
Para estudiar la geografía de la proximidad en España,
podemos ver como la población no constituye un factor básico de planificación.
Normalmente, observamos un equipamiento por municipio, salvo en las localidades
más grandes, donde se da un equipamiento por barrio o distrito. Sin embargo, el
número de población no es tan determinante. Así mismo, existe la tendencia a
concebir el equipamiento como un contenedor, es decir, equipamientos cuya
función es dar cabida a colectivos o proyectos. Podemos, así mismo, encontrar
las casas de cultura como el modelo de equipamiento de proximidad más
extendido. Para ser exactos, el 53,2% de los equipamientos de proximidad
españoles son casas de cultura. Cabe destacar, que en las grandes ciudades, los
centros cívicos desempeñan un papel fundamental, sobre todo en los municipios
con una población superior a 100.000 habitantes.
Centros cívicos. Una experiencia compartida.
A pesar de la ciudad está compuesta por individualidades,
éstas se aglutinan en torno a espacios públicos y servicios comunes. La ciudad
próxima, reclama una red colectivizadora del territorio, sólo así se consigue
una colaboración y reciprocidad entre el ciudadano y su Administración. Debemos
pensar y ver la ciudad como un espacio para la integración y la solidaridad. De
relación y de cohesión social. Es muy frecuente ejercer la ciudadanía de un
modo pasivo, sin disfrutar los valores y matices que la atesoran. Así, el
centro cívico, actúa como dispensador de servicios de la comunidad ciudadana.
Se puede entender como “la prolongación de la plaza pública”, un espacio de
aprendizaje permanente sobre cómo vivir en común con la realidad.
Centros cívicos, la república entre asociaciones ciudadanas
y Administración municipal.
Los centros cívicos nacen de la necesidad de aunar a las
asociaciones de ciudadanos y municipio, para dotar a los barrios de espacios
comunes. Para eso se necesitan agrupaciones de personas, antes que de piedras
(construir grupo antes que edificios). Con el nacimiento de estas asociaciones,
éstas reivindicaban frente a la Administración, y a la vez dependían de sus
subvenciones. La Administración, entonces, se hizo cargo de todo. Con el
resultado, tanto la Administración como las asociaciones perdieron. Hasta
mediados de los ochenta, en los que la Administración se apropia de los centros
cívicos, estos funcionaban bien. Desde entonces, los centros cívicos se limitan
a hacer talleres y a enfocar lo cultural al entretenimiento y el espectáculo.
Así, los ciudadanos abandonan poco a poco los centros cívicos. Cuando, a
medidos de los noventa, las asociaciones de ciudadanos vuelven a retomar las
propuestas, esta vez lo hacen desde una perspectiva de proponer, diseñar y
plantear retos concretos. De esta forma, volvieron a entrar en los centros
cívicos, abriendo nuevas vías de relación con la Administración, entendiendo
los centros cívicos como una “república (res
pública, casa común) entre asociaciones ciudadanos y Administración
municipal”.
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