sábado, 12 de marzo de 2016

Muerte y vida de las grandes ciudades. Por Jane Jacob

En esta entrada, haremos mención a "Muerte y vida de las grandes Ciudades" de Jane Jacob. Una bra que es referente para arquitectos, sociólogos, educadores sociales, urbanistas, etc... Con ella pretendemos abordar el problema de la ciudad. Problema derivado en la dispersión territorial, en la segregación de usos, en la masiva utilización del vehículo privado. Este modelo de crecimiento urbano muy difundido por Estados Unidos y Gran Bretaña, han hecho mecha en ciudades Españolas, donde predominan los suburbios de baja densidad monufuncionales, y fragmentados.
Jane Jacob es defensora de un tipo de vida urbana que garantice a los ciudadanos el poder elegir. Esas elecciones son la seguridad e intimidad, aunque contradictorias por sí mismas. Bien es cierto que cuando escuchamos alabanzas sobre la ciudad, oímos eso de “una ciudad me aporta el anonimato que deseo”, pues bien es cierto que ese tipo de libertad ha dejado de existir en las ciudades, ya que es algo muy común encontrar cámaras o policías “que velen por los ciudadanos” o más bien dejemos las hipocresías, como hace la autora y llamémoslo vigilancia. Curiosa paradoja se dan en nuestras ciudades, por un lado el desconocimiento de las personas que están a nuestro alrededor y por otro el control sobre sus vidas. No obstante, cuando Jacob habla de que dicha seguridad es buscada con la confianza del vecindario, en el conocimiento mutuo, no se aleja de la realidad, ya que es evidente y común por todos como ciudadanos que donde existen mayores espacios de sociabilización y encuentros, mayores son los vínculos creados. 

La autora de vida y muerte de las ciudades expone que la norma no hace que el civismo o respeto mutuo entre ciudadanos se dé, si no el hecho de que la gente pueda hacer uso de un espacio, donde compartir su tiempo, conocer sus diferencias y sus necesidades. El espacio público es creador de relaciones personales, la falta de estos espacios hacen que la población tenga miedo a lo desconocido, con lo cual impide el contacto con sus vecinos y vecinas. Este sentimiento se ve alimentado con el mobiliario urbano, con el potente imperio del vehículo que lejos de acercarse a las necesidades de la gente, fomenta el pasar frente al estar como bien cita la autora.
Un elemento indispensable para la existencia de tejido social en las calles es la existencia de comercios, ya que es dinamismo puro para la vía pública. En mejores palabras de Jacob “la mixticidad de usos, garantiza la mixticidad social y ayuda a evitar problemas urbanos como la segregación y la inseguridad”.
Otra crítica que encontramos es aquella utopía que se nos hace ver con la ciudad jardín, ya que como defiende Jacob, se niegan los contactos efímeros, además de que la comunicación se da en población muy homogénea, haciendo de estos magníficos espacios verdes, espacios sin vida y vacios. Otro elemento muy analizado por parte de la autora del texto es la manera de planificación de las ciudades, donde las minorías como mujeres o niños son invisibles, ya que se abusa de una planificación jerarquizada, sin tener en cuenta las experiencias cotidianas y las necesidades de sus ciudadanos.

Mencionar por último el importante papel que desempeñan las aceras para la sociabilización de los niños, estas son una forma de educar, deben ser lugares amplios puesto que proporcionan seguridad. Citar en este fragmento a Tonucci, quien también hace una crítica de la estructuración de las ciudades, ya que no cumplen las necesidades que demandan los niños, quizás esta estructuración hace que los adultos, los padres de los niños y niñas aparten a sus hijos de la “peligrosidad de la vía pública”, ¿Cómo lo hacen?, manteniéndolos ocupados en sitios cerrados o vigilados, como son los campamentos, actividades deportivas… en definitiva numerosas  actividades extraescolares. No limitamos el uso y la participación de este tipo de dinámicas, pero sí defendemos el “aburrimiento por el aburrimiento” o la “investigación de las calles” por parte de los niños en determinadas ocasiones, puede que suene muy metafórico o imaginativo, pero bien es cierto que todos necesitamos un desarrollo a todos los niveles, tanto a nivel académico como a nivel de innovación , creación, de búsqueda por parte de los niños, de aquello que ven interesante, y sí, digo interesante, porque cuando yo era niña lo más interesante que me podía pasar en el día era ir de compras a la panadería, a la frutería etc.., quedar con mis amigos para esconderme por las calles “ocultas” de mi pueblo, o descubrir casas abandonadas.  No pensamos que los padres ignoren la fuente de riqueza que poseen las calles, ya que ellos han vivido y han jugado en ellas, quizás el problema como dice Jacob o Tonucci, es esa nueva estructuración del uso de las aceras, de que nos sirve tanta vigilancia, tantos parques verdes y llanos, si el niño no puede divertirse y experimentar en ellos, ya que toda imaginación está dada, por que donde antes había un neumático que servía como caballo, balancín y trampolín, ahora hay un caballo con un muelle.


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